La nueva economía colaborativa

El intercambio de servicios entre particulares no es nada nuevo, pero la tremenda difusión que está teniendo cada vez más en el negocio de compartir por Internet es una característica muy actual. El sentido de posesión ha estado siempre muy atado al ser humano, pero algo está cambiando, y la economía colaborativa ha surgido a consecuencia de ello. Compartir en vez de poseer: la red está elevando este sistema a una alternativa al sistema económico tradicional, y por ello esta economía colaborativa necesita cada vez más un marco normativo que la controle, sin perder por ello sus capacidades de innovación y desarrollo.

El increíble crecimiento que ha tenido el comercio colaborativo tiene mucho que ver con las nuevas startup y tecnologías que lo han hecho posible, pero también con la mentalidad de las personas, que ven ahora el consumo de otra manera. Al utilizar este tipo de intercambios se tiene mucha más información sobre los productos y menos costes, las cadenas son más cortas y se fomentan más las relaciones entre personas. Y no estamos hablando sólo de compraventa, sino de una colaboración en todos los ámbitos: coches compartidos –Zipcar-, alojamiento de viajeros –Hipmunk, Airbnb-, intercambio de comida –Compartoplato- y de ropa –ThredUP-, plataformas de crowfunding –Verkami-, espacios a alquilar –LetMeSpace-…

El crecimiento de este tipo de comercio también ha hecho que la banca tenga que adaptarse a estas nuevas necesidades. Se están estableciendo, pues, canales de comunicación nuevos con emprendedores e innovadoras transacciones online y métodos de pago alternativos. Y es que muchas de las nuevas startup que están surgiendo están vinculadas a esta economía colaborativa, y palabras como compartir, prestar o alquilar cada vez se usan más de la mano de miles de nuevas plataformas electrónicas.

 

 

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